¿Qué es?

Bien es conocida la revolución que ha sufrido y sigue experimentando la computación actual en los últimos tiempos. Sobre todo, el hito fundamental que revolucionó la tecnología tal y como la conocemos hoy en día fue el desarrollo de la red experimental ARPANET, a finales de los años 60. Gracias a esta nueva tecnología, ordenadores que se encontraban en diferentes puntos geográficos eran capaces de comunicarse entre ellos. La evolución de aquellos sistemas es lo que actualmente conocemos como Internet.

Internet, la red de redes, ha reinventado la forma en la que se desarrollan las actuales relaciones sociales o interpersonales (por ejemplo, con las redes sociales o las nuevas formas de comunicación), así como las relaciones profesionales (nuevas formas de venta, nuevo público objetivo, nuevas formas de dar a conocer los productos, o la gestión distribuida de procesos, entre otras cosas). Esta evolución ha llegado hasta tal punto que en el año 2008 ya existían más dispositivos conectados a la Red que personas en el mundo. Todos estos elementos van conformando un nuevo ecosistema de mecanismos con conectividad everywhere, con ubicuidad, y con funcionalidades heterogéneas, que ha venido a denominarse la Internet de la Cosas (traducción literal de la voz inglesa Internet of Things).

La interconexión entre los diferentes dispositivos puede dar situaciones tan diversas como que nuestro refrigerador sea capaz de intercambiar información con los estantes del supermercado, o incluso que nuestra lavadora sea capaz de comunicarse con nuestra ropa con el fin de optimizar el proceso de su lavado. Esta conexión entre el mundo físico y el universo digital es la Internet de las Cosas o Internet de los Objetos. Concretamente, podemos definirla como una red que interconecta objetos cotidianos y tangibles.

En este contexto, previsiones de expertos apuntan que durante los próximos 20 años el número de dispositivos que se conectarán a esta red de redes aumentará hasta alcanzar aproximadamente unos 50 billones de objetos (unos 6 dispositivos por cada habitante del planeta), con etiquetas RFID, códigos de respuesta rápida (QR del inglés Quick Response), u otros elementos que los investigadores están desarrollando en este momento. La peculiaridad de todos ellos es que son y serán pequeños, muy versátiles, económicos e invisibles.

De este modo, redefiniendo el concepto de Internet de las Cosas, llegará a tratarse, realmente, de un ecosistema de redes invisibles, ubicuas y pervasivas, que interconectan diminutos microprocesadores imperceptibles para el usuario, con el fin de mejorar la experiencia personal en cualquiera de los ámbitos en los que éste se desenvuelve. Esta idea ya fue sacada a la luz por el difunto Mark Weiser, cuando dijo hace años que “Las tecnologías más avanzadas son aquellas que no vemos, las que se funden en el contexto del quehacer cotidiano a tal punto que forman parte de él”.

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